El fin de los bastardos, o no

“Esta es mi voluntad” -dijo titubeante el rey mientras dejaba caer por el acantilado al último recién nacido. Era el tercero del año. Los allí presentes no reconocían a su rey. 

Satisfecha la reina, a voz en grito, anunciaba el fin de los bastardos. Ya no se conformaba con el destierro, ni con la fidelidad jurada por el rey ante la corte. Sólo con la muerte, la reina firme y fría como una espada veía recompensada su dignidad. 
Entre la multitud una joven doncella embarazada corría hacia ella empujándola al abismo, acabando con sus celos y salvando al futuro príncipe de una muerte segura.



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