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Inviable

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Mecheros en promoción Bic, cromos de Naranjito, Hazañas Bélicas…Mi linterna iba destapando bajo el polvo, estos tesoros. Ferrovial estaba interesada en el antiguo Kiosko de Julia y solicité realizar el informe de viabilidad: descubrir su almacen… un sueño para mi. La caja registradora oxidada, el mostrador caoba carcomido, la puerta del almacén cerrada: ella siempre salía lavándose las manos, mientras nosotros gritábamos ¡Julia! Empujé la puerta y alumbré ¿Paredes y techo pintados al fresco? Conforme iluminaba… ¡era una escena realista del propio Kiosko! El tío Fredo con su perro, Daniel el trompetista, nosotros saltando y Julia mirándonos a todos, sonriendo detrás del mostrador. 

Y sirenas de fondo

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-¿Tarjeta o efectivo? ¡Mierda! Un golpe de estómago casi me hace vomitar. Miro las cámaras, no hay nadie más en la gasolinera. Es él y esta vez, con una garrafa de gasolina. -Pagaré con carne. ¿Susto o muerte? Con la mano busco el botón de seguridad. Lo pulso varias veces. La caja se cierra automáticamente, estoy dentro de una pecera a prueba de balas. -¡Carlos he avisado a la policía, llegarán enseguida! Desafiante, abre la garrafa y vierte la gasolina por el hueco que deja la mampara para cobrar, salpicándome entera. Bloqueo la puerta de salida. Junto a la caja, mecheros en promoción.

Artista en Lidl

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Solo para pintores abstractos, 10.000 euros al ganador, decía la convocatoria de ARTcertificate. Las que estudiamos figurativo, a comer piedras. Primero la supremacía de los hombres, después llegó la fotografía… Poco futuro quedaba aquí. Mis ingresos raquíticos. Lo intenté todo: clases, talleres, exposiciones, alguna obra mal vendida. Sumisa a galeristas y críticos de buena cuna, con risita falsa, mucha pose y algún acoso. Se apagaron las luces de bohemia. Estaba de tres meses. Mi titular por la mañana era “no puedo seguir así”. Y por la noche, papá recordando desde el más allá: “te lo dije”. Conseguí trabajo. Y aquí estoy. -¿Tarjeta o efectivo?

Cuando las musas dicen adiós

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Su tiempo también pasó, como el de la vieja Olivetti con la que escribe. Sus libros ya no son portada, ni adornan los escaparates de las librerías más prestigiosas de la ciudad. Pero no lo acepta, no para de escribir y de invocarme. Este año ya ha subido tres veces a la cabaña de Ordesa y ha vuelto a fumar aunque se lo niegue a sus hijos. Una copa de vino, un buen puro y a esperar mi inspiración, con el folio en blanco como en los viejos tiempos. Lástima que una, a estas alturas, sólo esté para pintores y a poder ser, abstractos.

Vivir preferentemente antes de...

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 Aquel licor casero siempre aparecía en primera fila, al abrir el mueble bar. Algún día excepcional el “paterfamilias” diría: -¡Abrirlo!- Mientras tanto, esperaba en compañía de Anís del Mono, Veterano, Ponche Caballero… Aquel lugar era el más mágico de casa: cada vez que abría su puerta, todo se multiplicaba hasta el infinito por los espejos que forraban el interior del mueble bar. Ese día llegó. “Paterfamilias” nos había dejado el último invierno. Entré en la casa antes de entregar las llaves al agente inmobiliario. Abrí el mueble bar, despacio. Allí continuaba en primera fila. El trago fue amargo. Su tiempo también pasó.

Tan solo, vivir

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-Te meto en los tubos lo que me da la gana- le dijo a Julio, mientras sujetaba dos vasos en sus piernas, llenándolos de un licor casero. Julio asintió, resignándose a beber lo que quisiera Marina. Quedaban dos horas para el amanecer. Y para su partida a bordo del Mistral, un velero de siete metros de eslora, en el que ahora estaban, sobre las aguas del puerto de Barcelona. Brindaron, se abrazaron, se acostaron. Al levantarse Julio, ya solo quedaba el olor de Marina por todo el camarote. Magreb, Atlántico, Pacífico, Oceanía, Índico, Magadascar…Cien años de soledad. Los tubos aguantaron el viaje. Pero nunca volvieron a llenarse de aquel licor casero. P.D.- historia de ficción que sirva como humilde homenaje a Julio Villar: viajero, escritor, alpinista...

Funestas desventajas de ser peor que una mierda

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¡Pronto habrá vacuna, pronto habrá vacuna!... nge,nge,nge... pero lo tuyo es incurable y al viernes no llegas, Paco. Y como ya ni puedes moverte ni hablar, te lo digo bajito, chaparro, que te cargaste a mi padre en Guadalajara, y rapaste a mi madre en Madrid, ¿quién sabe qué más...? Hoy, aún cuarenta años después, no me lo cuenta. Ni le pregunto ya ¿Ves qué fácil es cambiar archivos, fechas y nombres en tu España? Ahora soy un ATS, pero el tuyo, Paco... y te meto en los tubos lo que me da la gana. Your browser does not support the audio element.

Ojos que no ven, consuelo de pocos

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La puesta de sol volvió a dejarnos ciegos por sexto día consecutivo. Ceguera colectiva nocturna, acuñaron las autoridades sanitarias. Al anochecer, los gritos de auxilio en la calle ya no son tan habituales como los primeros días cuando acogimos a un abuelo desorientado que, al amanecer, recuperó la vista y pudo volver a casa. Ahora, por la noche, charlamos en el salón entorno a la chimenea, susurramos para evitar sobresaltos y nos escuchamos, sin excusas. Los niños duermen mejor. Y nosotros hemos recuperado el tacto más sensible, ese que nos estremece y que nos unió para siempre. Dicen que pronto habrá vacuna.

El trigo de otoño

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Mañana mismo lo dejo, bajaré del tren en el que viajo 42 años. Soy el último pasajero con raíz analógica. Rodeado de nativos digitales, acostumbrados a la vibración de sus relojes, que ordenan sus vidas, despertar, trabajar, comer, dormir…y lo miden todo. El tren seguirá su viaje, más deprisa. Mañana es hoy. Bajo sin despedirme, estilo Reolindo: bajó del tren y a Jarafuel. Nadie le volvió a ver. Ante mi, ondulados campos de trigo por los que camino a través, rozando con las manos las puntas de las espigas. Alcanzo la colina sin mirar atrás. Me paro a contemplar la puesta de sol.

La carrera

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La pared del estanco quedó a diez centímetros de mi nariz; los mismos diez centímetros de altura de bordillo que no supe calcular al final de la carrera que inicié 3 segundos antes, desde el otro lado de la calle, cuando el monigote verde del semáforo empezó a parpadear a la vez que el reloj de la farmacia marcaba la hora de cierre de la expendeduría. Una pareja de edad avanzada (ninguno de los dos cumpliría ya los ochenta) salía del estanco con un bolso lleno de cartones de tabaco. -¿Ves mi amor? Fumar mata a la carrera -Sí cariño. Mañana mismo lo dejo

Experiencias para dejar de fumar

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La gente seguirá sonriendo, estaba escrito en la pared del estanco, yo te esperaba en la calle. Llevabas los vaqueros gastados, los ojos chinos y el pelo alborotado. Te giraste un segundo, papel te dije desde fuera rotando la mano. Llevaste tu mano al bolsillo de atrás buscando la cartera. Me gustaba mirarte de lejos, aún podía sentir tus manos en mis caderas, los pezones mordidos, el vértigo bajo el ombligo. Sonreí. Saliste del estanco encendiendo un cigarrillo, andabas hacia mí como antes de un tsunami, alejando el agua. Entonces dijiste las tres palabras: tenemos que hablar. Volví a mirar la pared del estanco.

Sonrisas

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 -Haz el surco y nos largamos. Con marcar la zona ya hemos terminado. Y a esperar, en 5 años enfermos de cáncer o ulcerados y sin dientes y como putos cadáveres... y recemos que esto no se contagie y que nuestros hijos crezcan sanos… -¿Pero qué dices? Si nos han dicho que esto es seguro, tú tranquilo que no va a pasar nada. -¡Qué ingenuo eres! ¿Has visto cómo está todo? No hay rata viva en este lugar del infierno. Está muerto para siempre, esto y todo lo que esté aquí; incluidos nosotros. Pero no importa, nadie lo sabrá, la gente seguirá sonriendo.

Albarracín, 1937

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Hay que aprender a callar, Virginio. Mira que estamos sin mulas desde el invierno, que ya sé que los nuestros las cogieron, como el grano, las gallinas... pero la tierra no. Y se nos muere. Mira que los hombres ahora van para Levante... ¿No oyes que esos han tomado Teruel y que ya mismo entran en el pueblo? Clava el arado y calla, yo arrastro. ¿Crees que no mataría ahora mismo al patrón con estas manos? ¡Un tiro por cada callo!, ¡otro por cada año que me negó que aprendiera las letras! ¡diez por las noches que entró buscando la niña!... Haz el surco, Virginio. Your browser does not support the audio element.

El fulano

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Si me quieres engorda. Decir eso y levantarme fue uno. Aparté la silla, me levanté, y delante de todos, sin mover un solo músculo de mi cara pero con la palma bien abierta, le propiné la bofetada del siglo. Así, de izquierda a derecha, ¡PLAS! ¡Qué estruendo de gloria, qué descarga y qué júbilo! No dijo ni mu. Nadie- de hecho- dijo ni mu. Volví a mi sitio, cucharilla en mano, las vueltas al azucarillo del café... todo menos que se me enfríe. Eso sí que no. Yo misma presencié cómo a ese fulano se lo tragaba la Tierra. Hay que aprender a callar. Your browser does not support the audio element.

Índice de masa corporal

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Guardó con delicadeza el vestido de novia en su caja y buscó el ticket de compra. Durante el último confinamiento había engordado 13 kilos, su reloj le recordaba con mensajes explícitos que se había pasado de la raya. Cada 35 minutos recibía un aviso con vibración: ¡gorda muévete, empieza a quemar grasa! El último mensaje había sido definitivo: me veo obligado como dispositivo de salud a enviar un mensaje a Jacobo con tus últimas puntuaciones corporales. Quedaban 3 semanas para la boda, con su IMC actual sus relojes les darían como pareja no compatible. No podrían casarse…  Jacobo, amor mío, si me quieres ¡engorda!

Gracias a San Antonio de Padua

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Aurora pidió marido rezando a San Antonio. Tuvo al santo boca abajo en su mesita hasta que llegó Miguel. Al año castigó al Santo al cajón de la mesita de noche, porque el hombre le había salido malo. Cuando abría el cajón asomaba el Santo entre pictolines, medicinas y el abanico de los sofocos. -Aurora! No ves que estoy tosiendo, tráeme uno de tus caramelos. Estas fueron sus últimas palabras. Muerte por atragantamiento de pictolin. San Antonio volvió a la mesita, sobre tapete de ganchillo, mientras Aurora vivió no le faltó flor, rezo y velita.

No te metas con la Aurora

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Lo pagarán caro, repetía Aurora contemplando sus cejas tatuadas. 78 primaveras, arrugada como una pasa pero con la energía de una central nuclear. Decidió tatuarse las cejas, cansada ya de repasar con el eyeliner los 4 pelos que le quedaban sobre los ojos. El fornido tatuador calvo, con extraño acento le aseguró que en dos días bajaría la inflamación y no se le verían tan gruesas. Había pasado una semana. Entró en el salón con sus cejas de Groucho Marx apuntando con la semiautomática de caza al artista. -señora, no haga tonterías soy ruso -pues dale recuerdos a Stalin, de la Aurora.

Las flores del mal

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Su verdadero potencial reside en unas diminutas esporas que liberan un polen invisible y tan pegajoso como letal. Una sola flor puede generar polen para acabar con más de cien personas. Es la mutación perfecta, bastará con extraer sólo dos micras. -¡Papa la comida está en la mesa! -Ya voy cariño, termino un ramo y subo. -Papá las flores son, otra vez, para ese hospital donde las personas están muy enfermas. -No, esta vez son para unos rusos que se están aprovechando de los dueños de los comercios del barrio. -Pues si se portan mal, no les hagas descuento. -Descuida, lo pagarán caro.

Saru, ¿dónde viven los humanos?

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En el tiempo los encontrarás, en el ritmo cíclico día-noche del planeta azul, de momento solo saben vivir allí, dentro de un espacio protegido y durante un breve lapso de tiempo que se resuelve entre el sueño y la vigilia. Han hecho grandes progresos, gracias a una extraordinaria capacidad de colaboración, aunque todavía son rudimentarios en su organización, su alimentación, sus emociones, su lógica. Como no pueden vencer el transcurrir del tiempo, tratan de ganarlo con velocidad, alejándose cada vez más de su naturaleza. Pero no los subestimes, pueden enseñarte mucho. Si quieres distinguirlos bien, busca la imperfección, en ella se oculta su verdadero potencial.

Princesas

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-Un beso, ¿Qué es un beso?, ¿Una bendición?, ¿Una injuria, un delito, un incesto?. Decidme, ¿qué es?, nadie me dice, quiero saber !Habladme!,¡contadme!. -El silencio esconde la razón de los besos y la razón pretende al corazón. Serénate.....la impaciencia es traicionera. -Mi ignorancia me abruma ¡Desespero!, no necesito filosofías. ¿Acaso un beso es amor? Acaso vos no besáis, sabio anciano. -Besé, ya no me quieren. -¿Repudiar a un sabio decís? ¡Tremenda locura! -Tranquilidad doncella que hay explicación para tanta juventud. Llegarán las ausencias de aquello que amamos pero lo sentido jamás morirá. -¿Y los besos? -En el tiempo los encontrarás.

Después del ACTV

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Un bote más y lanza un profundo suspiro, reponer botes de tomate en el pasillo 7 la llevó 20 años atrás. Anabel recordó aquellos días de bajón. Después de 2 días de fiesta ella siempre iba a casa de Hugo, él vivía con sus compañeros de piso, estudiaban farmacia y verla entrar con sus pupilas dilatadas, pantalón de cuero, Martens y botella de agua en mano…era todo un poema.  Él abrazó siempre su sombra, sin reproches, sin motivos, sin preguntar.  -¿La oyes? Preguntaba ella  -¿Cuál suena?  -Forever young ¿Está sólo en mi cabeza?  -Eso se pasa con unos macarrones con tomate y un beso.

Solo

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Nunca ha fallado un solo tiro libre en su trayectoria como jugador de baloncesto profesional. En sus manos la copa del mundo y la gloria, a poco más de cuatro metros... “A 4’60, la canasta del garaje y los primeros mates a hombros de papá, A 4’60 la cancha del instituto y María, siempre en la grada. A 4’60, María dando a luz a Nil en Barcelona y a Megan en Toronto, A 4’60 nos dejó mi madre. Y poco después, mi padre, A 4’60, María se cansó y los niños odian el basket. Respira hondo. Mente en blanco. Un bote más y lanza …”

Rosarito Pum

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Camino del cementerio la encuentras, tras la tapia del huerto de la Amparo. No tiene pérdida. Toma el camino de los naranjos y la verás a poco de cruzar la acequia. He oído que últimamente es ella quien sale a buscarte..., siempre con la ropa de campo: tierra, suciedad, olor y manchas: Inconfundible. Pero tú preséntate limpio, no regatees ni discutas, sé amable y muestra respeto, siempre será la mejor de todas las mujeres. Incluso ahora, incluso así. Dale el dinero, dile que vienes de parte del hijo del Antonio. Ella se encargará de todo, hasta ahora nunca ha fallado un solo tiro. Your browser does not support the audio element.

Mensajero

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No lo encuentro. Lo olvidé en esa casa, camino del cementerio. Tengo que volver. Sin móvil no puedo repartir y falta una entrega para mantener el curro. Ahí está, aislada en mitad de un solar, rodeada de acequias malolientes. Golpeo la puerta y se abre sola. Desde el interior, la anciana ciega me coge del brazo y sin querer, estoy dentro. -Yo…mi móvil… -Tu, otra vez. El elegido- dice susurrando mientras me entrega el móvil. Sus uñas se clavan como un cepo en mi brazo. Dolor al salir corriendo. Lejos de allí, el móvil anuncia mi última entrega: esa casa, camino del cementerio. Your browser does not support the audio element.

De aquellos polvos...

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 -Un ángel del cielo, lo necesito para enviarlo a la Tierra de manera urgente. -Señor sólo están disponibles algunos ángeles de la guarda y Cupido que desde el verano está en la reserva. Pero ángeles, de grandes alas emplumadas, melenas doradas al viento y túnicas azuladas, ni uno. -¿Como puede ser?  -Señor esta semana se nos han caído dos, estamos en plena crisis de Fe. Por cierto, y ¿el Ángel exterminador?  -Ni hablar, no recuerda la última vez que salió en ciudad de México. Ese es capaz de encerrar a todos en sus casas, no dejarlos salir y volverlos locos.  -Pues no lo encuentro.  Your browser does not support the audio element.

Y el ángel soltó la pinza

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Lo dejé en el aparador con el silencio activado y así lleva dos semanas. Corté toda comunicación con aquel hombre. Me había hecho ilusiones. ¿Será este mi buen compañero? Pero abriendo puerta tras puerta, fui descubriendo un ser maniático, ignorante y con la flexibilidad de un azulejo. La inocencia del principio, había desaparecido.Y ahora…¿empezar a buscar de nuevo? Qué cansancio. Tal vez un descanso. ¿Descanso? Hoy me toca fregar la escalera del edificio y antes tender la ropa…con este frío. Tal vez Alfredo, el viudo del tercero, se anime a decirme algo, aunque con lo tímido que es… tendría que bajar un ángel del cielo.

Juntos en el aparador

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-Pase, que hace frío- dijo María abriendo la puerta de su casa.  Sin darme cuenta estaba con una copita de anís en la mano. María fue a cambiarse a su dormitorio. Yo me entretenía observando su vida en las fotos del aparador: una boda rural, niños empujando un carricoche en los arrabales de Valencia, comuniones, un joven jurando bandera…¿y si yo estuviera ahí?  -Ya se han ido todos- dijo María.  Al verla, debí quedar con cara de bobo porque riendo me dijo- Las señoras de la limpieza también se arreglan-  Nos hicimos una foto con mi móvil. Lo dejé en el aparador.   

Ropa tendida

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Vivir para sufrir, me digo al empezar a fregar el edificio. Comienzo por el rellano de mi casa, el de la portería. Hoy nevará.  Bajo al tercero donde vive Alfredo. Es de mi edad, viudo y se que me observa tras la mirilla. Golpeo con el mocho su puerta para asustarle. Me divierto.  Llego al segundo, donde Maru y su prole. El agua como chocolate.  Bajo al primero. Los novensanos mueven los muelles del colchón, ñic-ñac-ñic-ñac, y mi mocho acelera, ssssshi-sssssha-ssssshi-sssssha.  Faena terminada. Subo a casa.  Alfredo esperándome, sonrojado, con mi sujetador blanco en la mano.  -¿Es?… ¿de usted?  -…Pase, que hace frío.  

Promociones de infarto

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-“Una muerte segura y apacible con EXPIRA. Treinta gotas antes de cenar y dormirás el sueño eterno con una agradable sonrisa”. Madre, ésta es la mejor opción.  -¿No es un poco precipitado, hija?  -Le recuerdo que fue usted la que gritaba “llévame ya Señor, llévame con mi Paco”.  -Mujer, después de unas copitas de Chinchón una…  -Madre desde que faltó padre, usted no es la misma. Y yo estoy sola. Y no puedo más. ¡Ya quisiera yo poderme pagar una muerte así! -Pues hija, tienes razón. Viendo cómo eres y la vida que llevas, esperemos al 2x1 y oye, vivir para sufrir... 

El fin de los bastardos, o no

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“Esta es mi voluntad” -dijo titubeante el rey mientras dejaba caer por el acantilado al último recién nacido. Era el tercero del año. Los allí presentes no reconocían a su rey.  Satisfecha la reina, a voz en grito, anunciaba el fin de los bastardos. Ya no se conformaba con el destierro, ni con la fidelidad jurada por el rey ante la corte. Sólo con la muerte, la reina firme y fría como una espada veía recompensada su dignidad.  Entre la multitud una joven doncella embarazada corría hacia ella empujándola al abismo, acabando con sus celos y salvando al futuro príncipe de una muerte segura.

Testamento

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 La siguiente página debe leerla usted, a petición de su difunta madre.  Querido hijo, no sé quién es tu padre, me quedé embarazada sin tener relación alguna, no sé de dónde vienes, no hubo ángel anunciador. Tu nacimiento fue corriente. No sé cuál es tu relación con Dios, si es que la tienes. Al principio pensaba que venías a fundar una nueva religión, con el tiempo comprendí que tan sólo eras un chico normal con una venida extraordinaria. Me preguntas qué nombre poner a esa idea tuya de empresa, me gustaría uno en recuerdo de tu abuela Amazonia. Esta es mi voluntad.

Espabilado

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  “…copular hasta morir”. Así finalizaba el microrrelato ganador de la semana. Enhorabuena, aunque voté por otro y tengo mis motivos.  ¿Copular? ¿Qué demonios era eso? Tuve que consultar el diccionario. Allí estaba, en la estantería, abandonado.  Lo abrí por la página donde debería estar la letra “C”. Estornudé, mi alergia al polvo nunca me abandona.  Ojeé y hojeé el pesado tomo, para orientarme:  “Cabrón”, ejem, hacia adelante.  “Cuerno”, hacia atrás ahora.  “Cornamenta”, ¡mala puntería!  “Capullo”, intuí que la Real Academia quería decirme algo.  “Concha”. Me acercaba como un sabueso a su presa.  ¡Dios, alguien había arrancado la siguiente página! 

El último baile

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Mi reina se había ido al amanecer con un grupo de fieles obreras en busca de una nueva colmena. Destronada por una impetuosa y joven reina que henchida de jalea real por poco la mata en la última pelea.  En mi celda aún permanece su aroma a Miel nº5 . Me tiemblan las alas y se me templa el aguijón sólo de pensar en zumbar juntos. Ahora, como zángano jefe, debo instruir en artes copulatorias a los jóvenes y prepararlos para satisfacer a la nueva reina.  Entonces, podré escapar y volar hacia mi reina, para danzar sobre amapolas borrachos de polen y copular hasta morir.

Prefiero el parchís

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Jaque mate, la máquina gana. -¿Otra vez?, maldije. Apagué el ordenador y conecté el canal 64 de noticias en mi vieja TV en blanco y negro. Nada de interés, salvo el atropello del Rey emérito por “Alfil”, su caballo árabe, o la vuelta a la selección de Fernando Torres. -¿Habrá algo peor?, quería llorar. Me asomé a la ventana y, como cada día, el capataz de la obra de enfrente era incapaz de dirigir a sus peones. Cogí una cerveza, me senté a la mesa y allí estaba la nota. Mi Reina se había ido.

Peón al paso

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Siempre tuya, inspectora. Así terminaban sus cartas cada semana. Sabía mi dirección, Comisaría Distrito Marítimo calle Doctor Lluch número uno. Cumplida su condena, ahora yo era su objetivo. Había tenido una guardia movida. Me senté en la moto, inspiré, cerré los ojos y pensé, un día más. Al abrirlos la tenía delante, mirándome fijamente y apuntándome con su arma. "Jaque", me dijo. Me quedé paralizada. En ese momento Gaizka, con mis llaves en la mano, salía corriendo de la oficina gritando mi nombre. Dama le miró. Rápidamente me abalancé sobre ella y durante el forcejeo se disparó el arma. "Jaque mate"    

Para siempre

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Sin quitarme la ropa de servicio acudí al tanatorio. Su marido, hijos y amigos estaban desolados. La decisión de Abril de acabar con su vida era incomprensible para quienes consideraban su fastuosa vida como signo de éxito y felicidad. Vida en la que no cabía su condición sexual y que sacrificó por su familia. Al entrar en la sala, se hizo el silencio, todos me miraron. Sólo al dirigirme al féretro para verla por última vez, comenzaron los murmullos. En una corona de rosas blancas, nuestras favoritas, una cinta roja en la que rezaba de su puño y letra “Siempre tuya, inspectora” 

Entre gemido y gemido mi alma grita

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Entran en casa como fieras desesperadas por su presa. Todos muestran suficiente interés pero no el suficiente como para quedarse hasta el amanecer. Llegan a sentir mis sabanas blancas pero nunca lo que late aquí dentro. Nadie se pregunta si detrás de estos pechos rozados hay vida. Todos saben tocarme pero nadie sabe sentirme. Entre gemido y gemido mi alma grita desesperada por otra que sepa fusionar pasión y amor. Y aunque mi colchón nunca este desocupado, siempre tendré espacio para quién me quiera desnudar sin quitarme la ropa.

Hábitat

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-Ni este viento es el mismo, ni mis fuerzas las de antes, pero con ayuda de Paloma, todavía me defiendo por estas montañas- dice Perete al asistente social. Su mano temblorosa se apoya sobre la enorme cabeza de Paloma, un mastín de ochenta kilos, que mira al lavadero donde, a falta de coladas, beben las ovejas. -No iré con usted a ninguna residencia. Esta es mi casa… ¡ía! ¡ía!- Cencerros. Las ovejas entran al corral. Campanas. Marcan las nueve. Chicharras. De retirada. La mirada de Paloma, clavada en el asistente Un gesto de Perete, sería suficiente. El asistente se despide. Perete y Paloma entran en casa.  Your browser does not support the audio element.

Las que quedan

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Un planeta extraordinario, sí. No te miento. Míralo bien. Pero acércate lo justo, con respeto. No tan cerca, ven. Todo el conjunto me parece ahora como asustadizo, y siento que no les acabamos de gustar, hija mía. Nos conocen de sobra, desde antes de nacer nosotras y saben que, precisamente, fuimos las últimas. Siéntate a mi lado y observa. Así, dame la mano. Esos tan altos junto al río, se llaman chopos y cuando hacía calor daba gusto verlos, tan verdes, largos y frondosos... algo indescriptible cuando soplaba bonita la Tramuntana. Pero aquél calor ya no existe, ni este viento es el mismo. Your browser does not support the audio element.

La carta de Ennio

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Más cerca de casa, cuando mi hermana grita –¡Ennio saltó de la cuna!– O dibujando a tiza las aceras de mi barrio, para las carreras de chapas. Más cerca de casa, soplando la trompeta de mi padre. O cuando descuelgo el teléfono y escucho la voz de Leone, ¡compañero de primaria! Más cerca de casa, al abrir la puerta y escuchar las carreras de los niños por el pasillo, cuya meta soy yo. O cuando ya nosotros solos, seguimos la aventura con deseo y admiración mutua. Y ahora que marcho de casa hacia lo imprevisible suena mi música, en un planeta extraordinario.

El abrazo de todos los días

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Los echaba tanto de menos que buscaba la forma de traerlos en mi rutina. Porque cuando extrañas, hasta lo cotidiano te resulta hermoso.  Y es así como después del trabajo llegaba a casa, prendía la hornalla solo para sentir ese olorcito a cálido hogar. Ese olorcito a grasa friéndose. Al cerrar los ojos era tenerlos riéndose al lado mío. Sobre mi mesa no podía faltar el plato con tortas fritas que me trasportaban a esas tardes con mamá y de lado el mate que me hacía sentir más cerca de casa.  

Entrelazados

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Anda, tira para afuera.  Las risas continuaban al bajar del coche, papá siempre andaba bromeando, mamá que lo conocía hacia de cómplice y yo me prometía no volver a caer en sus bromas pero lo hacía con tanta ternura que no importaba.  Pasamos el día entre el verdiazul del mar, el sol y un café granizado a la brisa de una terraza con vistas al horizonte, nuestro lugar preferido.  Sonaba un despertador, abrí los ojos, por un instante las risas se entrelazaron con la realidad al final del sueño y el suspiro de un recuerdo me abrazó.  Los echaba tanto de menos.  Your browser does not support the audio element.

Agradecidos

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-¿Y ahora?  -Rellenamos la bandeja del escaparate con mazapanes y salimos en silencio, agachados y pegados al mostrador. La señora Engracia igual que se duerme de repente, se despierta sin avisar.  -Esto no es robar ¿verdad tete?  -No, sólo hemos cogido unos bombones de avellana para celebrar tu cumple. Y de paso, comer algo que las tripas nos suenan como las tuberías del hospicio.  -Pero no los pagamos…  -Claro, porque son tu regalo. No te preocupes, mañana cogeremos grasa del motocarro abandonado y le engrasaremos la persiana gratis.  -Entonces es como trabajar…  -Eso es, solo que cobramos antes.  Anda, tira para afuera Your browser does not support the audio element. (música de Ketsa)

Ahora, la corriente.

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—Aquí están los sobresalientes— ironiza Álvarez, jefe de redacción. Entran a mi despacho dos pipiolos, con la timidez y miedo de la primera vez. Álvarez sale refunfuñando. El viejo cascarrabias no soporta a los jóvenes, tomando el relevo de “la década prodigiosa”. Así nos llaman al grupo que no volveremos a cumplir sesenta. Es inevitable. Es la corriente.  Siguiendo el protocolo de bienvenida, les entrego las tarjetas de identificación. El más alto dice: —señor… yo… ¿no le han informado? —Soberbia “millennial”, pienso. —Vengo a sustituirle. Silencio. Miro la foto de mi mesa. Tiene polvo. Álvarez y yo celebrando nuestro ingreso en Cambio16. ¿Y ahora?

Cambio de planes

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-La calidad de la llamada da igual, lo importante es que no reconozcan nuestra voz -dijo Pablo mientras envolvía el teléfono con su bufanda de Spiderman.  Anita sostenía, orgullosa, la “ruleta de los profes” que habíamos hecho juntos. Yo hice el círculo y puse la aguja. Ella recortó las fotos del anuario del cole y las pegó con delicadeza. A cada profesor un mensaje. Teníamos que aprobar. Pero Alex, no trajo la grabadora, sino un estuche negro de piel. Lo puso en la mesa. Lo abrió y sacó el revólver de su abuelo. Y sopesándolo en la mano dijo: ¡Aquí están los sobresalientes!

Total-Pool

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- Mantenimiento de piscinas Total-Pool. Describa brevemente cómo podemos ayudarle. - A ver… es que… yo soy mayor, casi no me veo y… ya no puedo ni asearme. - Somos especialistas en limpieza de piscinas. Díganos dirección y pasaremos lo antes posible. - Mi hijo vive lejos, en Madrid, ¿sabe usted? - Domicilio completo por favor. - Él hace lo que puede. - ¿Puede repetir la dirección? - Si, en Madrid, calle Vallehermoso - ¿Número? - Uno, tengo un hijo - Su ticket es 202005272350 - ¿Entonces van a ayudarme? - Gracias por confiar en Total-Pool. Valore de cero a diez la calidad de la llamada.

Filtraciones

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La brisa de un verano tardío de 1957 lo trajo al mundo, apenas un mes después la riada se lo llevó. Desde ese día se instaló en aquella casa la memoria del agua. Al año nació Vicent, creció acunado entre humedades y ojos vidriosos, aprendiendo a culpar al agua y a temerla. A los 25 decidió dejar atrás esa fatalidad familiar que les calaba el alma. Huyendo del agua eligió una pequeña ciudad de interior, sin río, sin mar. Allí aprobó una oposición. Ayuntamiento de Rioseco  Nombramiento: Vicent Bort Aguado  Categoría: Ordenanza  Destino: Piscina Municipal  Curso de Formación: Mantenimiento de piscinas

Septiembre

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No era su código fuente. Fin. Cierro el libro y sé que guardará granos de arena y tardes de mar. Hay que ver lo sensible que me pone el final del verano. Atardece, ya no quedan veraneantes,bueno, ella sí, ahí está como cada tarde, se acerca a la orilla, tras la ola ese leve estremecimiento, respira, cierra los ojos, y yo… La veo. -Disculpe- se dirige a mi- me han dicho que usted vive aquí todo el año- -sí, desde que me jubilé- -Pienso quedarme hasta diciembre, mis nietos ya no me necesitan…- Sonreímos, envueltos en la brisa de un verano tardío.

Buena Esperanza

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Enhorabuena, es un niño. Eridani aprieta mi mano con fuerza y se contiene. Ahora debíamos esperar pacientemente once meses de incubadora, eran los últimos plazos que daban desde que, el Consejo Gestor de la Natalidad, había desacelerado la producción. Tuve suerte en conseguir un embrión virtual a última hora, ella nunca lo hubiese aprobado, pero llevábamos tanto tiempo intentándolo. Los códigos nunca eran válidos: ni convivencia, ni patrimonio, ni tan siquiera … “Ha tenido que ser el código Amor” – me susurra con lágrimas en sus ojos mientras me abraza, saltándose todas las normas. Me encanta cuando se pone romántica, no es su código fuente.

La Llegada

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No tenía nada que decir. Todas las alarmas estaban encendidas. Cedí el control al exterior. Desde mi posición poco más se podía hacer, salvo resistir. Les oía hablar. Los cálculos no eran correctos. La trayectoria se mantenía dentro de márgenes, pero la entrada en la atmósfera era crítica. El recubrimiento exterior estaba dañado y apenas quedaba oxígeno. La temperatura dentro de la nave era insoportable. A pesar de todo, tuve la extraña sensación de que la iba a echar de menos. Ya no había marcha atrás. Aquí llegaba. Apreté los labios. Y lloré. - Enhorabuena. Es un niño. Your browser does not support the audio element.